viernes 25 de septiembre de 2009

Arena

Quedan algunos errores
Junto a los malos sueños
Para volver a repetirlos
Si la memoria traiciona

Callado en las tinieblas
Tan vago y austero
Dicen que estoy muerto
¡No lo des por cierto!

En la ciudad herida
Sosteniendo la mirada
Barruntando la faena
Siempre a vuelta de correo

Tú permaneces a oscuras
Conteniendo el aliento
Sobran las explicaciones
Esta noche también

No somos menos valientes
Por más que queramos
Tampoco menos cobardes
Cuando ya no importe

Del arribo del presente
Ni marineros ni cowboys
Lágrimas de a pie
Derramadas sobre el ruedo

viernes 4 de septiembre de 2009

Come-come

Tengo un come-come rondándome las canas desde hace meses. Y creo que soy incapaz de describirlo en forma de verso, así que intentaré hacerlo en prosa, si ustedes me disculpan.

Al fin y al cabo -ya termino de justificarme- esto es un universo íntimo, un mundo propio, Trompikonio, y aquí cabe de todo, como rezan los títulos de introducción.

De ese come-come que me ronda la cabeza nacen estos pensamientos. En el lugar en el que antes derramaba sentimientos desesperados y, en las últimas entradas, intentos frustrados de mostrar mi felicidad.

Hace años, cuando alardeaba de escritura, si alguien me preguntaba por qué escribía, siempre respondía con cierto grado de pomposidad algo así como “por necesidad... por una necesidad del alma”. Y me creía poeta o escritor o juntaletras... o qué sé yo. No es que tratara de ser más listo que nadie. Sentía una necesidad interna y me parecía una forma linda de expresarlo. Sin embargo, ahora que apenas escribo -al menos, versos, como los que campan a sus anchas por este Blog- creo que he descubierto por qué escribía y por qué ya apenas lo hago. Ése es el come-come que tenía y el que creo haber resuelto. Para mí es importante haber llegado a esta conclusión. En cierta forma, me libera.

Creo que siempre he escrito para huir, como tantos otros. Me reconozco en esa vulgaridad. Si miro hacia atrás -y ya son casi dos décadas dándole a la tecla- siempre he fabricado universos paralelos para sobrellevar una realidad que no me gustaba o que quería cambiar pero no me atrevía o no podía. En mi caso, la escritura, la poesía -este Blog por supuesto-, han nacido siempre de la ansiedad. Habitualmente, de una ansiedad provocada por algún vaivén emocional, como le ha ocurrido a tantos otros, -qué ausencia de originalidad-. Cuanto más desordenada estaba mi vida, más escribía. Y pueden creerme, por momentos ha estado realmente alborotada.

Sin arrepentimientos y casi con una mueca de orgullo, y sobre todo ahora que ha transcurrido cierto tiempo, puedo decir que he sufrido temblores, terremotos y auténticos tsunamis. Y en la mayoría de las ocasiones con el telón de fondo de una mujer –otro tópico incómodo, lo siento-.

Soy hombre de una sola mujer, siempre lo he sido y es más, me gusta serlo -es una expresión sincera, más allá de lo presuntoso que pueda sonar-. Me he esforzado para ello –no envidio a aquellas personas capaces de amar a dos personas a la vez, como interpretaban Bebo y el Cigala-. Esta simpleza en mi forma de amar provoca, creo, y ha provocado, que ame intensamente... igual que sufra intensamente.

Pero han sido las experiencias tristes: las relaciones rotas abruptamente, los abandonos melodramáticos, los amores prohibidos o imposibles los que han provocado mis épocas más creativas, más febriles, las aparentemente más intensas de mi vida. Eran periodos en los que cada segundo, cada gesto, cada símbolo, cada suspiro... era cuestión de vida o muerte. Así al menos lo viví yo. Y en esa locura me regodeaba. Cuanto más en el fango me sentía, mas poeta era. Y así, casi sin darme cuenta o siendo totalmente consciente -aún no me lo he mirado- creé un personaje. Y sentía que así vivía la vida y así había que vivirla. Y rechazaba todo lo que no fuera el dolor. Vaya estupidez, pensarán ustedes. Pues así era yo. O así soy, porque ahora que todo marcha bien, me cuesta escribir, y no estoy seguro de cómo me comportaría si las cosas no fueran como son.

Pero lo curioso, insisto, es que cuando las cosas iban mal, hablaba y hablaba, escribía y escribía, vomitaba y vomitaba. Ahora que van bien, estoy más en silencio que nunca y me basta una palabra: bien, para describir mi vida, mi rutina, mi estado de ánimo.

¡Menuda descompensación!

En otro tiempo hubiera rechazado esta ausencia de literatura, esta falta de creatividad, este abandono de las noches a las que Sabina dedicó tantas de sus canciones. Pero ahora, y que me aspen si miento, no cambiaría mi realidad por ninguna otra. Porque no se trata de ausencias sino de vivencias. Todo el tiempo que no escribo, estoy viviendo.

Y créanme, cuando digo que todo marcha bien y que aprovecho el tiempo, no estoy hablando de nubes edulcoradas, de sentir una plenitud diaria que me eleve entre el resto de los mortales, de un derroche de ñoñería en un prado verde con vacas pastando y dos personas eternamente sonriendo.

Estar bien, para mí, significa disfrutar, lo juro, de cómo las distintas piezas de mi vida van encajándose, poco a poco, con calma. Me produce una agradable satisfacción ver cómo todo tiene su sentido y todo ocupa su lugar –nótese que debe ser la primera vez que escribo ocupa sin k, quizás porque no se trata de una okupación sino de una adquisición por derecho propio-. Y además las cosas se acoplan más bien solas, sin provocar tsunamis, sin ojeras, sin que se me cuartee la piel; en definitiva, sin estridencias.

Mi rutina tiene cada vez menos que ver con hechos salvajes, con bares oscuros, con amargas borracheras. Y sí mucho con ir en bicicleta –vivo en Madrid y certifico que ir a trabajar en bici a veces es una heroicidad-, con comer en casa a mediodía, con viajar a lugares donde hay gente que nos espera, con cuidar a los amigos y dedicar un poco de tiempo a la familia, con largas tardes leyendo en mi rincón, con implicarme hasta las cachas en proyectos que me conmueven, con escuchar a mis mayores sindicalizar sobre lo humano y lo divino, con estirar los huesos en un campo de fútbol sala y, ante todo, con compartir experiencias con mi pareja y construir juntos -con tesón- una relación-hogar en el que cobijarnos para afrontar juntos el presente y el futuro. En fin, con pequeñas cosas -en ocasiones casi imperceptibles- y gestos cotidianos.

He descubierto que el amor, y me gusta, es generar un espacio de confianza donde dos personas sean ellas mismas. Ni más ni menos. Eso, unido a la pasión, la complicidad, la simpatía, la empatía... y algunas cosas más son el amor para mí. Un espacio de crecimiento para dos personas, no de sufrimiento -nunca mais-.

Y claro que hay tedio y momentos de aburrimiento, y discusiones, y experiencias negativas, pero hay un nosequé de positividad que compensa, que hace que al final de cada día pueda dormir tranquilo, sintiéndome orgulloso de quién soy y de lo que hago.

No sé cuánto durará –no soy mezquino para calcularlo- pero ojalá sea para siempre.



PD. Hace escasas semanas probé la ayahuasca durante un rito chamánico en la Amazonía ecuatoriana y el chamán me hizo una intensa limpieza –debía yo de estar muy sucio-. Soy poco dado a interpretaciones extrañas, pero quizás haya contribuido a sacarme este texto de las entrañas.

lunes 6 de julio de 2009

Autorretrato

No arde la piel por los recuerdos
Hierve por el presente
Como un tipo renovado

Qué bien sienta
Desafiar al tráfico en Madrid
Leer junto al ventanal del salón

Viajar al otro lado
Compartir arquitecturas humanas
Recubrirse de Suyana

Y en la lucha todo avanza
Aunque crecen las demandas
Exige Dignidad

A pesar de elecciones
Y de algunos reveses
Registro lejana la derrota

Serán las canas de la paciencia
Que han pagado su hipoteca
Y son dueñas de mi cabeza

Tanto como los kilos
Que ensanchan el ombligo
Y dan boleto a los pantalones

Qué cosa más curiosa
escribir vacío
porque uno se siente lleno

martes 14 de abril de 2009

Aquí estamos

ni se te ocurra languidecer
que esto va por bulerías
con una pose de conquista
en la esquina Primavera

qué bien sienta Portugal
y tus caderas sinuosas
cuando la piel habla
que callen las palabras

de ahí este mutismo
prolongado largamente
acaricio la guitarra
quebrándome los dedos

estamos de camino
y no hay mayor deleite
que hacerlo contigo,
morena

por fandangos de Huelva
vuelo a tus adentros
como sirope de leyenda
sobre labios golosina

ya freno acelerado
que subimos otra vez
a la noria de la vida
en la vuelta hacia Madriz

viernes 6 de febrero de 2009

Brazil II

Olas cristalinas de Skol
Amenazan en Bahía
Sin más ritmo que el tic tac
De un reloj imaginario

Ya no llueve
Y tal vez nunca lo hizo
A menudo ocurren estas cosas
Vaivenes que nos da la vida

Los castillos sobre la playa
Dibujan figuras egipcias
Se escucha un ronroneo
De besos que presiento

Es una mañana curtida
De finísima apariencia
Tus tobillos al aire
Desafían el tiempo muerto

El dios de los cristianos
Desiste en su empeño
Muchos de sus fieles
Se largan haciendo surf

Pe Mellòn más negro que el tizón
Y más bueno que la mandioca
Muestra sus dientes blancos
Cuando le acerco otra cerveza

Hay latitudes lejanas
Que no acierto a situar
El camino y la mochila
¡Y mi tatuaje de espinas!

No es un trébol como el tuyo
Sino una paloma mensajera
Que insinúa que no olvido
La orfandad del sentimiento

Malditas hipotecas
Que ya se desvanecen
Como aguas cálidas y turquesas
Renuncio a la parte contratante

Y que alguien reparta suerte
No estoy satisfecho
A pesar de este atardecer
Indiferente y ordinario

La ciudad se antoja amarga
Como cuando recitaba
Bilis, versos y lágrimas
Para hastiarme del pasado

Ahí están de nuevo los meninos
Que buscan en mi basura
Algo que yantar
Qué injusticia más hiriente

Tan triste y tan tropical
Tan alegre y ausente de gracia
Así también es este Brazil
Contradictorio y cariñoso

lunes 15 de diciembre de 2008

Brazil

Ritmos ausentes
Sobre una marea reincidente
Centellea la luna...

Una sonrisa conocida
Y mil arterias en movimiento
Brazil arde de rabo a cabo mientras
Llueve en el Infierno verde
Y se anega la selva más pobre
Se llenan tus ojos de lágrimas
Y nuestras mochilas de barro

Hay personas que pasean
Corretean por Copacabana
De abajo a arriba
Y vuelta a empezar
Es una zona de tiburones, también
Pero no hay señales de batalla
Un universo de Prefetos
Pelea por el voto municipal

Tardes lentas y largas
Como esta playa sin fin
O un partido de futebol
Entre adolescentes
(Junto a Pé Mellòn)
Que no enseñan los dientes
Sólo camisetas raídas, Pardao

Te derrites por un coco gelato
Acariciando Puerto Gallinas
Pulso verde y viene la carne
En rojo se para el menú
Venga una skol en la Bodega
Más vieja de Olinda
Y una caipirinha
En la Garota de Ipanema
O un atracón de langosta
Bien en Ponta Negra,
O en la maldita Maceió

Pasan las puestas de sol
Y las protestas en Raposa Serra do Sol
(en diciembre HOY van ganando)
De la mano magistrados y facenderos
Enfrente, indios machucados
Desde hace más de quinientos años
Aquí está un abrazo solidario
¡Mantengan firmes sus derechos!

martes 16 de septiembre de 2008

Amazonas

Venas de sangre dulce
alimento virgen que mi piel reserva
para los mosquitos agrios
ávidos de venganza
frente al género humano.

Amazonas eterno,
tu malaria no me asusta.
Me enriquecen tu vaivén,
tu bullicio
tu lancha Ajato
tus chinchorros sobre cubiertas abarrotadas
de vida, sueños, rutina y viajes a la antigua.

De madrugada, se esculpe la esperanza
de flotar sobre tu corriente
mientras despunta el día
en el puerto de Manaos
-y eso que un aspirante a Prefeto
amenaza la tranquilidad
pegando hebra sobre hebra
para lograr pasaje en la trasera-.

Barcos enormes,
de Tom Sawyer y su Mississippi,
indolentes travesías,
de varias jornadas
navegando entre tu infierno verde
arrojan un ritmo tímido y pausado.

Hay barcazas humildes, también,
pilotadas por instinto
nada envidian, empero, a Orellana
ni a las cartas de navegación
ni a los héroes de otros ríos
ni al conocimiento europeo.

Puede que las anacondas,
y los cocodrilos
¡y hasta los jagures!
-ya mentados están los putos mosquitos-
acechen entre la maleza
pero ni a babor ni a estribor
hay el mínimo rastro de ellos.

Amazonas,
cuántos cadáveres yacen en tus fondos,
ya sea cuando te nombran Solimoes
o cuando tus afluentes Negro y otros tantos
te enriquecen con su flujo.

No te pido cuentas: no puedo. Por tanto horror.
Otros, antes que yo y con otras intenciones,
clavaron sus banderas,
sus cruces
y sus ambiciones en tus orillas.

Tus primeros moradores fueron exterminados.
Y su sangre alimenta la leyenda en esta selva,
tan frondosa y tan feroz como rica y atractiva.
¡Hijoeputas conquistadores!

Algunos indígenas resisten hoy
cultivando mandioca, cocinando farinha,
pescando pirañas, bebiendo cachaça
o descubriendo Internet al abrigo de una sotana
diocesana, jesuita o comboniana...
Aún andan por acá.
Aunque percibo una rebaja evangelizadora
me consta que les mueve la sed de justicia
y así dignifican a la Iglesia, que falta está.

Hay niños, muchos
-no me atrevo a decir que demasiados-
y niñas, enseguida madres
que no estudian sino que laboran
cambian cacas y dan el pecho.
Sus ojos se abren como platos,
diría que asustados,
cuando avistan pieles blancas en el horizonte
o cuando esos barcos tan inertes
les muestran qué coño es la civilización.

Qué inmensidad.
Qué belleza desprendes.
Qué río más mar eres, Amazonas

No me raya tu tempestad
tus aguas no se me antojan violentas
aunque bajen y suban salvajemente
y jueguen a los dados con este cascarón.

A mí me pareces un río alegre,
obviando tu historia y tu presente
-perdón Javier Reverte-.


PS. Váyanse y no vuelvan
facenderos de mierda
aún queréis afanar las tierras
de quienes nacieron y las trabajan.
Que se trague el río vuestros helicóperos,
vuestras rápidas motoras
y esos papeles de propiedad
que tanto sudan acá en el Amazonas.

Sobráis en esta tierra.
Ojalá os espante el espíritu de los vencidos,
la vergüenza de Lula
la presión internacional
o la madre que os parió.

Que queden los indios de una vez en Paz.
Son ya cinco siglos de tolerada esclavitud.